Con bastante frecuencia nos encontramos ante la siguiente situación: una persona o empresa nos contacta con la intención de solicitarnos un presupuesto para desarrollar una idea o producto que, según su punto de vista, puede tener éxito. Después de una serie de conversaciones llega el momento de analizar las características del producto para poder informar al cliente sobre el coste que tendría el desarrollo. A continuación, y a modo de ejemplo, os mostramos una de estas definiciones del producto:

Definición:

Desarrollo de una web y de aplicaciones móviles para iOS y para Android de tipo red social.

Características:

  • Registro/Login/Pérdida de contraseña
  • Publicar contenido
  • Añadir comentarios en publicaciones de otros usuarios
  • Hacer +1/Me gusta en publicaciones de otros usuarios
  • Compartir publicaciones de otros usuarios
  • Añadir imágenes a las publicaciones
  • Enviar mensajes privados al resto de usuarios
  • Chat de comunicación en tiempo real
  • Buscar usuarios por filtros típicos (sexo, edad, ciudad, gustos)
  • Seguir a otros usuarios / solicitar amistad
  • Ver lista de amigos
  • etc.

A estas alturas seguro que ya habéis detectado el problema que tienen este tipo de clientes. Tienen una idea, que aún no han validado respecto a su posible éxito, pero quieren desarrollar un producto demasiado grande antes de ponerla en marcha. Este producto va a tener un gran coste tanto temporal como económico.

Una vez que el producto se lance al mercado es cuando va a empezar a generar información de interés para el cliente. Es muy común darse cuenta de que se han implementado muchas funcionalidades que el usuario no llega a utilizar practicamente nunca, en las que se han invertido muchos recursos. Además de esto, el cliente observa como ciertas partes del proyecto hubiera sido mejor definirlas de otra manera, pero hasta que el proyecto no está en marcha no tiene información suficiente como para saberlo.

Un caso peor aún ocurre cuando se pone en marcha el proyecto y éste fracasa completamente. El cliente ha invertido una gran cantidad de dinero en realizar un producto que no sirve para nada. En caso de haber desarrollado únicamente las funcionalidades mínimas para salir al mercado se podría haber dado cuenta antes de esta situación, y por tanto, hubiera perdido menos dinero.

La solución en este tipo de situaciones es asesorar al cliente y convencerle en reducir al mínimo posible el número de características del producto para desarrollar lo que se conoce como MVP (Producto Mínimo Viable). Este MVP permitirá lanzar el proyecto a producción lo antes posible, para así obtener feedback de los usuarios y poder continuar el desarrollo por aquellas funcionalidades más rentables.

Al final, aplicar esta solución es una estrategia en la que sale ganando el cliente y salimos ganando nosotros como agencia de desarrollo (estrategia win-win). El cliente desembolsa una menor cantidad inicial de dinero, y las probabilidades de que el producto tenga mayor éxito en el futuro aumentan, haciendo que a largo plazo el cliente confíe más en nosotros y esté encantado de encargarnos más trabajo en ese o en otros proyectos.

Si queréis profundizar en el concepto de MVP, Eric Ries en su libro The Lean Startup describe de una manera detallada cómo debería crearse este producto mínimo viable y cómo debería ser gestionado a lo largo del tiempo. Es un libro que os recomendamos leer si os gustan estos temas.